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Fiestas del Santo

  Fiestas del Santo

 

 

         Viloria de Rioja celebra sus fiestas mayores los días doce y trece de Mayo, conociéndose como el Santo y el Santito respectivamente en conmemoración de la muerte de Santo Domingo, Patrón e hijo natural de esta villa.

         Hasta hace unos años, el día 11 de dicho mes, se recogía casa por casa los alimentos que todos los vecinos aportaban, para que, guisados por el alguacil, fueran distribuidos a pobres y peregrinos el día 12 después de la Misa.

 

 

           Este día se celebra una misa solemne. Fuera de la Iglesia los danzadores, acompañados de gaita y tambor escoltan hasta la puerta a cuantas personas van llegando. Una vez acabada la ceremonia, la imagen del Santo es sacada de la Iglesia y en el pórtico, frente a la casa donde nació, es saludado por los danzadores que le esperan  con cariño, ofreciéndole “Las pasadillas” y “El Brindis”.

           Cuando empieza  a sonar la música, los cuerpos de los danzadores se tensan, su corazón palpita más rápido y un escalofrío recorre su cuerpo, la danza va a empezar.

 

  

 

           Después del saludo comienza la procesión alrededor del pueblo en la que los danzadores al ritmo de la música y precediendo a la Imagen del Santo no dejarán de danzar.

            Todos los hombres del pueblo y muchos que llegan de otros lugares, pugnan por llevar sobre sus hombros aunque sólo sea unos minutos  dicha imagen, que aunque muy pesada por su hechura, se soporta con ilusión y cada año son más las mozas que se atreven a llevarlo demostrando que el esfuerzo bien merece la pena.

             Ajenos a este cambio de hombros, los danzadores, con sus zapatillas blancas cruzadas por lazos rojos, pantalón y camisa blancos, el mantón de Manila sobre los hombros y las castañuelas ceñidas en las manos, dirigidos por el “Cachiburrio” que marcha entre las dos filas, no sienten el cansancio, ni el correr del sudor por su cuerpo; esa música, que todos conocen desde pequeños, los mueve, los anima y permite que soporten ese esfuerzo. Por eso los más jóvenes están deseando empezar a danzar y los mayores se niegan a dejar de hacerlo.

             Los más mayores, durante la procesión, van tarareando esa musiquilla que tan bien aprendida tienen y que tantos recuerdos les trae, sobre todo cuando ven danzar a sus hijos y a sus nietos ocupando el lugar que un día muy a su pesar tuvieron que dejar. Al finalizar la procesión y antes de poner al Santo en su altar se le despide repitiendo “Las pasadillas” y “El Brindis”. Seguidamente y antes de pasar a la Iglesia se recitan los siguientes versos en honor al Santo, donde se recuerda su nacimiento, vida y milagros.

 

 

 

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